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El Románico en Castilla
Segovia es uno de los grandes centros del arte románico en Castilla, con más de 300 edificios y restos repartidos por la provincia. Junto a Burgos, Soria y el norte de Palencia, forma un importante foco de este estilo, con núcleos destacados en la capital y en villas como Pedraza, Sepúlveda, Ayllón, Maderuelo, Fuentidueña o Cuéllar.
Fuentesoto también se integra en esta Ruta del Románico, contando con dos ermitas representativas, San Vicente y San Gregorio, además de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.
Ermita de San Vicente
La ermita se sitúa a un kilómetro de Fuentesoto, junto a la carretera de Sacramenia, en el antiguo despoblado de San Vicente de Pospozuelo, ya abandonado en el siglo XVIII. Hoy no quedan restos del lugar salvo la ermita, aunque se cree que podrían existir restos arqueológicos aún sin investigar.
Su construcción se remonta al siglo XIII y se atribuye al taller de Fuentidueña por sus similitudes estilísticas. El proyecto original contemplaba un ábside, presbiterio y nave única, pero únicamente se levantaron las dos primeras partes, quedando la iglesia inacabada. En el siglo XVII se decidió cerrar lo ya construido con una pequeña nave de materiales sencillos, añadiendo los muros norte y oeste. La puerta de acceso, inicialmente en el muro oeste, se trasladó después al norte y volvió a su posición original en la restauración de 1989. Se cree que el cambio se debió a la construcción de la carretera que modificó parte de la estructura original.
El edificio combina fábrica románica en sillería de piedra caliza —ábside, presbiterio y muro sur— con añadidos posteriores más modestos. El ábside semicircular y el presbiterio con bóveda de cañón destacan por su pureza de líneas románicas. En el exterior, el conjunto está organizado por semicolumnas que dividen el ábside en cinco paños, cada uno con vanos abocinados decorados con arquivoltas y capiteles vegetales. Todavía puede verse la marca de un cantero en una de las columnas.
El interior resulta especialmente rico: un presbiterio amplio precede al ábside semicircular cubierto con cuarto de esfera. El arco triunfal, apoyado en columnas pareadas con capiteles decorados, da paso a un espacio de gran complejidad, con cinco arcos ciegos en el hemiciclo, ventanas profundamente abocinadas y capiteles tallados con gran detalle. La decoración escultórica es variada: motivos vegetales sencillos en el exterior, mientras que en el interior aparecen aves enfrentadas, grifos, cuadrúpedos y figuras humanas, como la de un obispo entre hojas.
La ermita fue restaurada en 1989 bajo la dirección del arquitecto Ángel Egido Martín, en un proyecto impulsado por la Junta de Castilla y León. Durante los trabajos se hallaron tumbas y restos óseos tanto en el interior como en el exterior, aunque las excavaciones no se continuaron.
En conjunto, San Vicente es un ejemplo notable del románico rural segoviano, con un gran valor arquitectónico y artístico, perfectamente integrado en el entorno natural y con una historia que combina su origen medieval, su abandono y su recuperación contemporánea.
Ermita de San Gregorio
La ermita de San Gregorio tiene un origen muy antiguo, pues se cree que su primera construcción data aproximadamente del siglo VIII, cuando parte del pueblo podria haber estado asentado en la zona alta de la montaña. Posteriormente recibió añadidos románicos en siglos posteriores. Fue utilizada como iglesia parroquial hasta abril de 1780, momento en que se inauguró la nueva iglesia de San Pedro. Desde entonces quedó en desuso, salvo para tocar las campanas, hasta que estas fueron trasladadas al nuevo templo. Más tarde, el 26 de diciembre de 1826, se bendijo el recinto como cementerio, función que mantiene en la actualidad. Durante rehabilitaciones recientes aparecieron numerosos restos óseos en el exterior, lugar habitual de enterramiento durante muchos siglos.
En cuanto a la arquitectura, el edificio combina distintos estilos y fases constructivas. La cabecera rectangular y la sacristía fueron levantadas con sillería labrada, de corte visigótico abriéndose a la nave mediante un arco ojival propio del románico tardío y del gótico temprano, que permitía mayor altura y la reducción de muros, aunque exigía contrafuertes. Aún se conserva uno de ellos en el muro norte.
La nave original ha desaparecido, ya que fue demolida para dar espacio a los enterramientos. Sus muros debieron de ser de sillería, aunque lo que queda hoy corresponde a cerramientos más sencillos de mampostería y argamasa, probablemente levantados en el siglo XVIII, coincidiendo con el traslado del culto a la nueva iglesia. La entrada principal se situaba en el muro oeste, posiblemente con un arco de medio punto sostenido por columnas. De hecho, existe un arco de este tipo reutilizado en otra parte del edificio, que podría proceder de la puerta original.
La torre del campanario parece posterior al ábside, aunque podría ser una ampliación de una torre previa. El interior de la escalera de caracol y el hueco están realizados en sillería, mientras que el exterior es de mampostería, lo que evidencia fases constructivas distintas. La torre conserva ventanas ajimezadas y vanos superiores para las campanas, además de un arco descubierto en la restauración, hoy cegado, cuya función exacta se desconoce.
En lo escultórico no quedan restos de interés, lo que limita su valor artístico. Sin embargo, la ermita es un ejemplo singular de la superposición de estilos arquitectónicos a lo largo de los siglos, desde el prerrománico hasta el gótico y el románico tardío, pasando por reformas modernas adaptadas a su uso como cementerio. Actualmente, el edificio está rehabilitado y protegido, con la capilla cerrada por una cristalera que la preserva de la intemperie.
Iglesía de San Pedro Apóstol
La actual Iglesia parece ser una reconstrucción de una ya existente con anterioridad en la misma ubicación y que, posiblemente, sufrió daños tras el terremoto de Lisboa de 1755. Posteriormente a este año se comenzó a construir la nueva y se finalizo en el año de 1779.
El último bautizo celebrado en San Gregorio tuvo lugar el 28 de enero de 1780, y el primero en la nueva iglesia se registró el 12 de abril del mismo año, aún con D. Félix Benito de párroco. Durante varias décadas, hasta 1815, el templo fue conocido como “San Pedro Apóstol y San Gregorio”, hasta que en ese año pasó a denominarse definitivamente San Pedro Apóstol.
Un detalle curioso se conserva en una ventana que da a la plaza, donde aún puede leerse la inscripción “siendo Rey D. Carlos III”. Otro hecho llamativo son las campanas: aunque en 1780 se comenzaron a oficiar los actos en la nueva iglesia parece ser que no se fundieron unas nuevas hasta muchos años después. El 28 de febrero de 1870 por fin se fundieron las nuevas campanas. En una de ellas puede leerse la inscripción: "Me fundió Linares siendo cura D. Santiago Anaya y S.tan [Sacristán] Nemesio Barrio Año de 1870".
La iglesia fue objeto de varias reformas posteriores: en torno a 1945 se añadió una nueva capilla para dar cabida a más fieles; en 1964, con D. Frutos de párroco, se colocaron bancos, se repintó el templo y se taparon pinturas antiguas del siglo XVIII que decoraban el techo. También en esos años se retiró el púlpito por desuso. Una nueva pintura general se llevó a cabo en 1987.
En cuanto a su arquitectura, es una obra sencilla de finales del XVIII, de carácter popular, con una sola nave central en mampostería reforzada con sillería en las esquinas, y una capilla lateral moderna. La torre del campanario es uno de sus elementos más destacados, aunque sufrio reformas a mediados del siglo XVIII. Posteriormente se añadieron el coro y un nártex en la entrada, probablemente para proteger del clima. Del acceso original se conserva un arco con reminiscencias tudor y un escudo labrado en la clave.
En el aspecto escultórico, lo más relevante es el retablo mayor. Se acabo de hacer en 1799, nada menos que 20 años después de la apertura del nuevo templo. Destaca también la pila bautismal románica del siglo XIII, de gran tamaño y procedente, probablemente, de la antigua Iglesía que ocupaba el lugar de la actual.
En conjunto, la Iglesia de San Pedro Apóstol refleja la evolución histórica y religiosa del pueblo, siendo hoy el principal templo parroquial de Fuentesoto.
Otros puntos de interes
Al entrar en el pueblo desde las eras, a la derecha encontramos la fuente que da nombre a Fuentesoto, siempre manando agua, junto al pilón construido en 1951, donde antiguamente funcionó un molino para moler yeros y algarrobas.
Siguiendo la carretera, a la izquierda sale el camino de las bodegas, típicas de la zona. Aunque hay más repartidas por las montañas, este es el principal y aún conserva un lagar donde se elaboraba vino. Las bodegas, excavadas en la roca, son especialmente interesantes por su interior, ya que mantienen una temperatura constante de unos 12 ºC durante todo el año.
